Reflexiones en torno a la auto publicación y autoedición

Marilinda Guerrero Valenzuela

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Me he dedicado a buscar autores guatemaltecos que han hablado de la realidad desde la ciencia ficción, fantasía, horror. Poco a poco he ido trazando, por el momento, la historia de la ciencia ficción. Pero… “no todo lo que brilla es oro” ya que me he encontrado con autores con buenas premisas, pero, la cantidad de faltas de ortografía, frases cliché, lugares comunes, hacen que la lectura sea difícil de realizar.

Escribir es leer a otros. Cuando me encuentro con esos textos me atraviesa la disyuntiva de ¿Recomiendo este libro o no? ¿lo coloco como parte de lo que se ha publicado en el país o no?

En Guatemala, varios autores han publicado cuentos dentro de lo fantástico y lo especulativo. Sin embargo, estos casi no se comentan ni se mencionan. Y cuando alguien lo hace, suele recurrir a frases como: “a saber qué le pasó” o “de plano loqueó”. La literatura de la imaginación es un gran ejercicio mental y un reto para el lector.

Para mí, muchos de estos buenos cuentos y novelas se han visto opacados por lectores, escritores y académicos que generalizan el discurso de que la literatura de la imaginación es una “evasión de la realidad”. A esto se suman quienes se apoyan en la gran cantidad de libros con errores de publicación —producto de una mala autoedición y/o autopublicación— para afirmar que esta literatura es “menor”.

La verdad es que errores de autoedición y/o autopublicación también existen en la llamada “literatura mimética” o “de la realidad”.

Aclaro que no estoy en contra de la autopublicación; varios de mis libros han salido a la luz de esa forma. Sin embargo, todos mis textos los envío a revisión. No soy una experta: me he ido formando con el tiempo. Ahora, estudio y analizo aquellos textos que me sacuden al leerlos para entender qué recursos narrativos fueron los que provocaron en mí el conectar con la historia.

Ahora me tomo mi tiempo para escribir y dejo muchos textos “en salmuera”. Aun así, me falta mucho por aprender. Sucede con frecuencia que creo tener una buena historia y me la devuelven con varias sugerencias. Ahí entra otro aprendizaje importante: saber recibir recomendaciones.

La labor de un editor, al igual que la de un corrector, es precisamente esa: sacar el mayor provecho posible de las palabras escritas, pulir la historia y llevar el texto a su mejor versión.

Jane Austen y otra gente famosa

La autopublicación, en algunos casos, ha sido la única opción que han tenido ciertos autores para poder ingresar al mundo editorial. Tal es el caso de Jane Austen, quien en 1811 asumió de forma anónima los costos de la primera edición de Sensatez y sentimiento, obra en la que no aparecía su nombre como autora. En su lugar, en la portada del libro podía leerse la frase: “Escrito por una dama”. Cabe señalar que, antes de autopublicar su novela, un editor ya se había interesado en ella, pero no quiso asumir el riesgo debido a que Austen era mujer.

Walt Whitman, por su parte, financió la publicación de setecientas noventa y seis copias de su obra Hojas de hierba. Edgar Allan Poe hizo lo mismo con su primera colección de poemas, al igual que Mark Twain en 1876 con Las aventuras de Tom Sawyer. En 1901, Peter Rabbit fue autopublicado por Beatrix Potter, y Federico García Lorca, en 1918, autopublicó su libro Impresiones y paisajes.

Quiero aclarar, que los términos autoedición y auto publicación para mí, son dos términos distintos.  La autopublicación es aquella donde un autor, por el medio que sea, solventa por sí mismo la publicación de su libro, sea la impresión o la creación de un archivo para su posterior distribución y comercialización. La autoedición, es donde el propio autor hace las labores de un editor. Algunos mencionan que autopublicar es presentar un texto públicamente para su comunicación, mientras que la autoedición incluye la necesidad del autor en intervenir sobre la calidad editorial.

Eva Losada Casanova menciona que uno de los grandes problemas en la actualidad es la cosificación del libro.

Aquí tienen parte tanto las editoriales como las imprentas, las redes sociales y, por supuesto, nosotros mismos. Vaya que sí. Basta verlo en los miles —o millones— de videos en redes sociales con retos de lectura, reseñas de libros más sugestivas que objetivas, así como en quienes presumen torres de libros leídos. Y bueno, un librero me contó que es común que lleguen personas a comprar cientos de libros para llenar libreras vacías y así dar a su sala un aspecto de “intelectualidad”.

¿La IA es el artista del siglo XXI?

Hoy en día, con el auge —y la polémica— de las inteligencias artificiales, es cada vez más común que las editoriales, en lugar de contratar artistas para el diseño de portadas, opten por estas herramientas. Y no: no se trata de demonizar su uso. La IA, bien trabajada, puede producir resultados estéticos muy buenos. Para mí, es un error común el aceptar la primera imagen generada a partir de prompts básicos (qué bueno que fuera tan sencillo). Generar una imagen que provoque al público, requiere tiempo, ensayo y, sobre todo, no es una creación que nos pertenezca. Muchos llamados “artistas de IA” han pretendido que las obras producidas de este modo posean copyright, como si el proceso automático, alimentado por bases de datos ajenas, pudiera equipararse al trabajo creativo tradicional.

Así, el resultado suele ser engañoso: libros con portadas llamativas, voluminosos, que al abrirlos vemos una diagramación deficiente, errores gramaticales, lugares comunes y una avalancha de frases cliché. Preguntas por el precio y te vas de espalda de lo caro que es.

Amazon no es la única plataforma de publicación, existen otras como Smashwords, Draft2digital, Ingramspark, entre otros. Es curioso que, cuando investigué éstas, varias veces me surgió una pestaña emergente que decía:

“Crea tu libro con IA en 10 minutos: 150+ páginas, imágenes, portada con IA, pdf listo para descargar”

Esto me recordó la frase: Cyberpunk a tope! del escritor mexicano de Ciencia Ficción Gerardo Sifuentes.

Nick Land concibe al capitalismo como un proceso maquínico y auto-acelerado que subsume todas las formas culturales dentro de sus circuitos de valorización. El libro deja de ser un objeto de transmisión simbólica para devenir en un artefacto cosificado: todo queda subordinado al capital. El capital es todo aquello acumulable. Mostrar la cantidad de libros que tengo, lecturas realizadas, retos acumulados. Es bueno cuestionarnos como autores qué es lo que buscamos al escribir. Por qué escribimos lo que escribimos. Qué es lo que nos mueve a hacerlo. Escribir es un trabajo pesado. Es cuestionar constantemente las palabras utilizadas, borrar, acomodar, guardar ideas. Investigar. Todos quisiéramos vivir de lo que escribimos. No todos lo logran.

Un lector fantasma no puede ser tu hermana

Una autora agradecía en su libro a su hermana por la ayuda como lectora fantasma en su novela. Los lectores fantasmas son los que se encargan de leer en primer lugar, los manuscritos que llegan a las diferentes editoriales. De su opinión y valorización depende si es aceptado o no. Un lector fantasma no puede ser tu hermana. Esta novela salió publicada en una editorial conocida, claro, una auto publicación donde la autora financió la impresión y distribución de su novela. La historia se cae sola a la mitad.

El caso de Audra Winter y su novela “Age of Scorpius” fue muy sonado. Una escritora joven que empezó el worldbuilding de su novela desde los diez años. Booktok, un club de lectura de tik tok, es una comunidad de más de mil millones de personas en el mundo alrededor de la literatura. Con el #Booktok varios usuarios comparten sus lecturas, recomendaciones. En algunos casos, se ha logrado la republicación de novelas descontinuadas gracias a esta dinámica. También, autores han logrado tener muy buenas ventas al lograr que varios conecten con sus historias. Audra Winter, no había terminado de escribir su novela y contrató a varios artistas para que realizaran la ilustración de portada, personajes, realizó una campaña de marketing enorme, tanto, que logró la preventa de 6mil libros. El día que publicó su libro, la decepción de sus lectores fue enorme. La historia al parecer no funcionaba. Fue demandada, lapidada en redes. Winter es muy buena para marketing, pero lo faltó trabajar el corazón de su libro. Este mal no es nuevo, lamentablemente.  

De nuevo, no estoy en contra de la auto publicación, pero, debe de ser de forma consciente. Tengo una amiga correctora que trabajaba con autores que se auto publican. Uno de los mayores problemas a los que se enfrentó fue el que no aceptaban sugerencias de cambios en sus textos.

No se trata solo de publicar

Seamos sinceros, cuando pagas porque salga tu texto en una editorial es porque quieres que se dé a conocer lo que haces. Entonces, ¿Por qué no recibir sugerencias que ayudarían a mejorar muchísimo la historia? No se trata solo de publicar. Es de dar una buena historia al lector para leer.

Un escritor me mostró su primera novela auto publicada mientras me contaba que el mismo se editó. Bueno, te la compro si eres editor. Pero este no era el caso.

Varias buenas historias forman parte de la historia de la literatura gracias a la auto publicación. Muchas veces es necesario hacerlo para poder entrar al mundo editorial. Pero una vez lo haces, debes de seguir aprendiendo, leyendo, escribiendo. Bien lo dijo Liliana Bodoc “La escritura no tiene que ver con un rapto pasional, con la inspiración, la famosa musa. La escritura se cambia y se cambia miles de veces; se busca y se encuentra a veces y a veces, no”.

Casanova, E. L. (2021). La autopublicación literaria, ¿es un buen camino para el escritor? Trama & Texturas, 45, 113–118. https://www.jstor.org/stable/27201541

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