XXÄNDÛ de Carlos Paniagua

El 13 de noviembre de 1992, en la Revista Crónica, se publicó el cuento «El imperio de los Espejos» de Carlos Paniagua, ganador del premio Carlos F. Novella. Un cuento de corte fantástico que en la época provocó conflictos por parte de algunos autores del canon. Algunos lo desacreditaron, otros defendieron la propuesta fantástica que planteaba.

Meses después, el 21 de mayo de 1993, Francisco Morales Santos entrevistó a Carlos Paniagua a propósito de «La primera vez» cuento ganador del premio Carlos F. Novella en 1991 que luego formó parte de su primer y único libro publicado, Informe de un suicidio. Durante la conversación, Paniagua hace mención a un cuento llamado «XXändû», publicado el 2 de mayo de 1993 en el diario Siglo Veintiuno. Paniagua menciona que fue el primer cuento que escribió y explicó que no se encuentra presente en Informe de un suicidio.

También, mencionó ser influenciado por Jorge Luis Borges, Juan Rulfo y Cortázar y que estaba conociendo nuevos autores gracias a Mario Monteforte Toledo. Antes de escribir, fue pintor (dijo ser mejor acuarelista) y comenzó a escribir para acompañar sus obras.

Encontrar el cuento «El imperio de los espejos» como siempre, fue un reto. Gracias a la ayuda de mi buen amigo Eddy Roma, quien localizó el cuento en la Revista Crónica, pude tener también acceso a la entrevista antes mencionada. Ahí inició una búsqueda de varias semanas para localizar el cuento que, debido a la baja calidad de la digitalización, interpreté como Xanadú.

Luego de platicar con varios escritores e investigadores, contacté a Jessie Álvarez y a Jonathan Van Der Henst, quienes me contaron que tuvieron la oportunidad de hablar con Carlos Paniagua. Así, me facilitaron su correo electrónico con la esperanza de poder contactarlo. Jonathan también me comentó que «El imperio de los espejos» había salido publicado en la antología Narrativa contemporánea de la América Central, compilada por Manuel Salinas Paguada y publicada en 2004 en Honduras. Sin embargo, Paniagua le comentó que en esa antología se había omitido el final con letras invertidas que puede leerse si se pone ante un espejo.

Cuando volví a preguntar por el cuento Xanadú fue una gran sorpresa que Jonathan me hiciera llegar al whatsapp una copia del cuento corto «Xxändû», al leerlo, me di cuenta de que, estaba frente a un eslabón más de la narrativa especulativa publicada en Guatemala, ésta, de inicios de los años noventa.  

Leer este cuento me remitió a la estética del cortometraje Magnetic Rose, escrito por Satoshi Kon y dirigido por Koji Morimoto que forma parte de la trilogía animada Memories (1995). En ambas propuestas encuentro una figura femenina inalcanzable cuya “presencia” altera la percepción de la realidad y conduce al protagonista hacia una experiencia de obsesión y pérdida.

Magnetic Rose lo hace desde una arquitectura espacial de inspiración rococó, Xxändû se encuentra en un imaginario donde confluye el espacio, el neón y un lenguaje cercano al cyberpunk.

Paniagua retrata a un pintor que es apoderado en sus sueños por un ser que se sale de su órbita:

Le descifró el enigma de los astros, le hizo ver la música silente que impregna los canales de Marte, palpar el perfume de la antimateria y sentir en el paladar, el brillo del cangrejo inmortal que sueña otros universos a siete atmósferas bajo el mar de Java.

En Magnetic Rose, encontramos el holograma de la diva Eva Friedel, quien ha muerto, solamente permanece una construcción tecnológica de su memoria. En cambio, «Xxändû», es una mujer que no está subordinada a ninguna máquina, ella utiliza a la tecnología para llegar a los sueños del pintor y cuando éste intenta plasmarla en una imagen, lo castiga yéndose a su madriguera de neón y «dejándole, en venganza, cautivo de una prisión de espejos que multiplica al infinito su angustia y su soledad». Como castigo, se vuelve un autómata que pinta al aire los rasgos de un inexistente rostro. En «Xxändû» y Magnetic Rose la mujer desaparece, pero permanece su imagen. En ambos casos, el protagonista queda atrapado por un simulacro. No aman a una persona, aman a una imagen.

Es interesante anotar que en los años ochenta y noventa hubo eventos importantes dentro de la ciencia ficción. En 1982 se proyecta en cines Blade Runner dirigida por Ridley Scott, en 1984 se publica la novela Neuromancer del escritor William Gibson y con ella el auge del cyberpunk. En 1989 se da la caída el Muro de Berlín y con ello la aceleración de la globalización. A partir del 1991 el internet comienza a expandirse fuera del ámbito militar y universitario. En 1993 Carlos Paniagua publica su cuento «Xxändû» y en 1995 se proyecta Magnetic Rose. Es así como vemos que la obra de Paniagua responde a un imaginario global emergente al cual él estuvo expuesto y de alguna forma lo plasmó en esta obra.

Ahora bien, ¿Será acaso que Paniagua al haber sido pintor, en esta obra, reflexionó sobre la crisis de la representación artística en la era de la digitalización?


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